Albergué en mi barriga
una a una dos lágrimas.
Una a una se hiceron universos
para romper mi gravedad.
Me cargaron de sueños,
durmieron mis miedos
y preñaron mis pechos
de nutritiva ebriedad.
Una a una se hicieron tangibles,
se volvieron grito y premonición
de mi íntima antología universal,
se hicieron génesis conmigo,
yo su principio,
y mamaron de mi alma
para hacerse verdad.
Ahora, en una y en otra,
mi vientre es en ellas infinito,
y un sabio silencio
trenza el prísteno cordón umbilical,
me han hecho entraña madre
hasta el fin de mis tiempos.
Una a una, dos lágrimas de mi sangre,
en ellas la estirpe que perdurará...
jueves, 27 de enero de 2011
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