Tu nombre...
Es nombrarte y sentir
que el espacio entre letra y letra
es el hueco perfecto que llena tu aliento,
que las vocales se escapan a buscar
violines que jueguen con tu piano
entre las notas ardientes de este invierno.
¿A quién rezarle, mi amor?
Si tus brazos son altar
donde yo me inmolo despojándome de versos.
Desde ti no hay noches ni vacíos,
sólo brotes que amanecen colmando de vida
el útero estéril del silencio...
Ni hay imposibles, no existen,
no son más que excusas de aquellos
que no tienen sueños.
Yo he apostado por ti
hasta el último latido que pueda acariciar mi pecho,
he apostado a tus labios,
al rojo del vino que he bebido en tu beso.
He apostado, sin dudar, la más fina de mi vena
para trenzarla a la vela de la caricia
inquieta de tu cuerpo...
No me asustan las distancias,
ni un maremoto de suspiros
para naufragar en tu cuello,
ni inventar palabras para darte forma,
o para sentir tu boca, sorbo a sorbo,
desnudándome en mil gestos.
martes, 15 de febrero de 2011
Suscribirse a:
Entradas (Atom)








